Rosario Esteva Morales
Editora
Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre
Hoy recuerdo las palabras de Antonio Núñez Jiménez al celebrarse aquella primera fecha conmemorativa de la Cultura Cubana, el 20 de Octubre de 1980, a la entrada del Teatro Nacional, cuando me dijo: “Fue un gran acierto conmemorar el 20 de Octubre como el Día de la Cultura Nacional. No te olvides que estamos ante una de las fechas históricas más importantes de nuestra Patria”.
Y es cierto, porque esa fecha tiene una gran connotación para todos nosotros, como aquel 20 de Octubre de1868 cuando los cubanos, por primera vez, cantarían con su letra, La Bayamesa, que luego se convertiría en nuestro Himno Nacional.
Quizás muchos o quizás solo unos pocos conozcan los orígenes de este, nuestro símbolo patrio. La historia comienza cuando poco después de creado el Comité Revolucionario de Bayamo, sus integrantes le recomiendan a Perucho Figueredo componer un himno que acompañara sus aspiraciones independentistas. Y en la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1867, Figueredo compone la música de este himno al que nombró La Bayamesa que fuera interpretado al piano por sus dos hijas, en la noche del 14 de agosto ante el Comité Revolucionario de Bayamo en pleno. Sin embargo, no sería hasta el 8 de mayo de 1868 que Figueredo le entregara la partitura del himno a Manuel Muñoz Cedeño para que este la instrumentara. El 11 de junio de 1868, el pueblo escuchó por primera vez las notas de La Bayamesa en los Festejos del Corpus Christi interpretado por una orquesta de 13 músicos en la Iglesia Mayor de Bayamo. Entre los asistentes a este oficio religioso, se hallaba el gobernador español Julián Udaeta. La marcha rompió vibrante y el gobernador extrañado del ímpetu de aquella música, pensó enseguida que era una marcha guerrera. La procesión salió a la calle y la orquesta siguió tocándola. Terminada la procesión, Udaeta mandó a buscar a Perucho Figueredo, y le dijo:
– Usted se ha excedido: esa marcha no tiene nada de religiosa y sí mucho de patriótica.
Figueredo se irguió, y sin perder la ecuanimidad, contestó:
– Señor Gobernador no es usted músico. Por lo tanto, nada lo autoriza a usted para decirme que este es un canto patriótico.
– Dice usted bien, no soy músico, pero tenga la seguridad de que no me engaña. Puede usted tener esa certidumbre.
La segunda vez, La Bayamesa fue interpretada en un baile de etiqueta en los salones de la Sociedad Filarmónica de Bayamo en la noche del 24 de julio de 1868, con motivo de las Fiestas de Santa Cristina.
La tercera vez que se oirían las vibrantes notas en la ciudad de Bayamo fue tras la capitulación de las tropas españolas el 20 de octubre de 1868, cuando las tropas insurrectas victoriosas procedieron a recorrer la ciudad de Bayamo. El pueblo enardecido por la música del himno no cesaba de tararearlo, pero llegó un momento en que no conforme con la música empezó a grandes gritos a solicitarle la
letra a Figueredo. Al llegar frente a la esquina de la Iglesia Mayor ya no se oían las notas de la música, sino que de todos los labios salía el mismo clamor: ¡LA LETRA, LA LETRA!
Apremiado de aquel modo, Figueredo sacó lápiz y papel de su bolsillo y cruzando una pierna sobre la montura de su caballo, escribió las estrofas, y pronto a coro con la música, brotó al unísono el Himno de la Patria. El exgobernador Udaeta, apresado en la Sociedad Filarmónica, muy cercana a la Plaza, al oír el comienzo de la letra: “Al combate, corred bayameses”, ejecutadas como una marcha, pronunció su célebre frase: “iNo me había engañado! iEs una música de guerra!”
Perucho Figueredo, poeta y músico, fue el alma sensible del movimiento revolucionario. Su vida fue ejemplo de sacrificios y heroísmos. Fusilado en 1870, dejó a los cubanos el imperecedero legado de su himno, que acompañaría a las tropas mambisas, a través de las luchas independentistas como símbolo de rebeldía y valor.
La Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre no podía obviar esta fecha del 20 de Octubre y con ella rendirles homenaje, en este Día de la Cultura Cubana, a aquellos mambises, quienes supieron de renunciamientos y valentía sin precedentes y por eso hoy a 152 años, el pueblo de Cuba los admira y continúa sus mismos principios de lucha.
Y rendirle también un tributo de recordación a Antonio Núñez Jiménez, quien supo ser defensor a ultranza de la cultura, concepto abarcador de las ciencias, letras, arte, Naturaleza, unido a un compromiso inquebrantable con la Patria, con la Revolución. Merecido respeto a Núñez por su sensibilidad humana, que hizo posible el difícil reto de simultanear su responsable labor como dirigente y como escritor, y nos legara una valiosísima obra literaria, que constituye, sin dudas, un hito para nuestra cultura cubana.
Referencia Bibliográfica
Maceo Verdecia, José. Bayamo. Editorial Bayamo, 2009.

CULTURA CUBANA: OCTUBRE 1868-2020

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